octubre 14, 2016
BY RED VOLTAIRE
Las “pruebas de resistencia” o stress
test a los que son sometidos los bancos europeos resultan fraudulentos:
ocultan la fragilidad que padece todo el sector y no permiten garantizar que no
se repitan situaciones crisis como las del pasado
Jean-Claude Paye/Red Voltaire
Bruselas, Bélgica. El 29 de julio
de 2016, después del cierre de los mercados bursátiles estadunidenses, la
Autoridad Bancaria Europea (ABE) entregó los resultados del stress test (“prueba
de resistencia”) aplicado a los bancos de la Unión Europea para evaluar su
vulnerabilidad en caso de crisis. La ABE dio a conocer datos sobre 51 bancos
europeos que representan el 70 por ciento de los activos bancarios delViejo
Continente. Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE) pasó revista a otros
56 establecimientos de la eurozona, sin divulgar los resultados.
La Autoridad Bancaria Europea no
se pronunció en cuanto a saber si cada uno de los bancos sometidos a esos
exámenes sería capaz de resistir una degradación abrupta del entorno económico.
Después del examen no hubo advertencias ni órdenes dirigidas a los bancos donde
se descubrieron problemas. Los datos simplemente fueron transferidos a las
autoridades que supervisan el proceso, el Banco Central Europeo y las
autoridades nacionales.
Esta serie de pruebas de
resistencia es la tercera realizada desde la crisis financiera de 2008, en la
que se invirtieron fondos públicos para “salvar” bancos de varios países
miembros de la Unión Europea. Pero esta vez las pruebas de resistencia no
incluyeron parámetros específicos que permitieran determinar si los
establecimientos sometidos a prueba habían fracasado o no en estos stress
tests.
El hecho de que nadie quiera
hablar del fracaso de ciertos bancos hace pensar que se trata ante todo de una
operación destinada a tranquilizar a los ahorristas y a los diferentes actores
económicos. Las conclusiones, que hablan sobre todo de una sensible mejoría de
la situación en los bancos sometidos a las pruebas, destacan una forma de
pensamiento positivo con la esperanza de que se autorrealice, como un método de
autosugestión tendiente a convencer de que los problemas actuales no son
graves. Pero esto no es más que el resultado de una primera mirada sobre la
parte visible de esta operación publicitaria.
Efecto de sideración
Si vamos más allá de la
presentación, una segunda mirada al contenido del estudio permite observar otra
cosa. El estudio no tiene absolutamente nada de tranquilizador, pero no por sus
resultados –que en realidad no hacen más que anunciar lo que ya todo el mundo
sabía– sino sobre todo por el método utilizado. Este último es ante todo una
operación de negación de la realidad de lo que es una crisis económica y
financiera. Por ejemplo, para Peter Garnry, analista de Saxo Banque citado por
Bloomberg:
“El problema con estas pruebas de
resistencia es que son demasiado suaves ya que sólo plantean una recesión
liviana o moderada. Lo cual significa que los resultados finalmente no
demuestran casi nada y que no es sorprendente que la mayoría de los bancos
hayan pasado esas pruebas.”
Las pruebas sólo muestran lo que
es evidente (fundamentalmente, las dificultades del banco Monte Paschi), pero,
debido a la manera cómo han sido concebidas, resultan más bien inquietantes.
Una fuerte recesión es el tipo de escenario que no puede preverse. Además, el
método utilizado, en aras de poder presentar resultados aceptables, ignora la
naturaleza misma de la realidad económica, como la conexión y la
interdependencia de los diferentes agentes financieros. Lo principal es que los
cálculos efectuados no se basan en los precios del mercado sino en el valor que
se atribuye a los activos en la contabilidad, lo cual indica que la realidad no
es integrable a las pruebas, además de mostrar lo preocupante de una situación
que no se puede ver. Así que el resultado no tranquiliza a los actores económicos,
sino que los sume en la sideración, indicándoles que lo mejor es no provocar
movimientos bruscos.

En todo caso, parece que el
mensaje no cayó en oídos sordos, ya que la oleada –anterior a las pruebas– de
declaraciones sobre el preocupante estado del sistema bancario se vio
sustituida por una especie de pensamiento positivo que permite, por ejemplo, a
la bolsa considerar favorablemente proposiciones que hasta los mismos
protagonistas consideraban irrealizables, como una fusión entre el Deutsche
Bank y la Commerzbank, dos establecimientos que mostraron debilidades en las
pruebas de resistencia.
Descubrir lo que ya se esperaba
Según las pruebas, sólo dos
establecimientos dieron muestras de gran febrilidad. El banco italiano Monte
dei Paschi di Siena, cuyo fracaso ya se esperaba, obtiene ampliamente el peor
resultado. Su ratio de solvencia se derrumbó en más de 14 puntos, cayendo a
-2.44 por ciento. Ese resultado se produce poco después de que este banco
lograra un acuerdo de salvamento de último momento en el sector privado para
recapitalizarse.
El establecimiento irlandés
Allied Irish Bank tampoco logró un resultado satisfactorio en materia de
solvencia ya que se situó en 4.31 por ciento. El mínimo aceptado en los tests realizados
el año pasado correspondía a un ratio de fondos propios duros de 5.5 por ciento
y puede ser considerado como la tasaoficiosa de éxito en esas pruebas.
Pero es importante saber que la última versión del documento del comité de
supervisión bancaria de Basilea recomienda un ratio de 7 por ciento. Esa última
tasa es también el límite más allá del cual empiezan a perder valor las
obligaciones subordinadas que los bancos emiten para reforzar sus fondos
propios. Sin embargo, el Banco Popular, el Bank of Ireland y el banco
Raiffeisen terminaron las pruebas de resistencia con ratios inferiores a ese
nivel (6.62, 6.15 y 6.12 por ciento respectivamente).
De los 51 bancos sometidos a las
pruebas de resistencia, 10 –como el español Banco Popular, el irlandés Bank of
Ireland, el primer banco de Italia Unicredit y el Deutsche Bank, considerado
este último como “el banco más riesgoso del mundo” por el Fondo Monetario
Internacional (FMI), con 72 mil millones de dólares de productos derivados en
su cartera, lo cual es 20 veces el PNB de Alemania– presentan puntos frágiles,
aunque pasaron los tests.
El Deutsche Bank obtuvo, al igual
que el Commerzbank, un ratio CET1 inferior a 8 por ciento. Pero en la década de
1980, el Banco de Pagos Internacional (BPI) adoptó una regla que los
establecimientos bancarios están obligados a respetar. Según esa regla del BPI,
los bancos pueden obtener préstamos que representen 12.5 veces el monto de sus
capitales propios para financiar sus activos, lo cual corresponde al ratio llamado
CET1, que debería ser superior al 8 por ciento. Después de las turbulencias de
la crisis financiera de 2008, Alan Greenspan, entonces presidente de la Reserva
Federal (Fed, el banco central estadunidense), elevó sus exigencias proponiendo
un múltiplo de endeudamiento de sólo 10. La gran mayoría de los bancos
sometidos a los stress test están muy por debajo de esa exigencia.

Negación de la realidad
El stress test o
“prueba de resistencia” es una forma de evaluar la falta de capital de los
establecimientos bancarios europeos en una situación crítica. Sin embargo, el
informe no ofrece cifras sobre las necesidades de capitalización de los bancos.
Lo que hace es establecer un conjunto de ratios de fondos propios que expresa
la evolución de la solvencia de los bancos ante una situación de stress.
El guion corresponde a una recesión que afectaría la economía de la Unión
Europea, durante un periodo de 3 años, comenzando a finales de 2015, y plantea
una caída de 7.1 por ciento del producto interno bruto (PIB) de la Unión
Europea para los 3 próximos años y una reducción de 20 por ciento de los
ingresos correspondientes a los intereses. O sea, no simula una crisis
financiera como la de 2008.
Además, la prueba de resistencia
atribuye un valor constante a los activos financieros de los bancos durante ese
periodo de 3 años de recesión, lo cual no es lo que realmente sucede en una
crisis financiera como la de 2008, en la que se registró una importante
reducción del valor de esos activos. Por cierto, en los cálculos efectuados, el
precio real de los activos, según se fija en los mercados, no es importante ya
que sólo se tiene en cuenta su valor contable. Esa opción permite trabajar partiendo
de las cifras de capitalización bancaria de diciembre de 2015. En cuanto al
valor de las acciones de la Deutsche Bank, lo cierto es que disminuyó en más
del 60 por ciento en un año.
El valor contable de los activos
tiene, por consiguiente, un carácter ficticio. Y no es el único elemento
virtual que sirve de base a la evaluación realizada por la Autoridad Bancaria.
Los bancos de Grecia y de Portugal, los dos países más frágiles de la Unión
Europea, no aparecen en el informe. Los resultados de las pruebas de
resistencia de esos bancos no serán publicados.
Esas pruebas también resultan
problemáticas en la medida en que no tienen en cuenta un prolongado periodo de
tasas bajas, incluso negativas, a pesar de ser ese un factor esencial que
socava la rentabilidad del sector. Se trata incluso del factor que señala el
Deutsche Bank para explicar la caída de sus ganancias en 98 por ciento. Las
pruebas tampoco tuvieron en cuenta las consecuencias del Brexit.
Esas pruebas también subestimaron
los peligros más importantes. Por ejemplo, los riesgos que representan los
derivados se calculan basándose en la bancarrota del comprador y/o del
vendedor, pero en caso de bancarrota el peligro raramente concierne sólo a esas
dos partes sino que se extiende a toda la cadena.
Se subestiman las “deudas
tóxicas”
El hecho que el resultado de las
pruebas haya mostrado el inevitable fracaso de Monte Paschi, al que se agregó
un banco español, es una manera de dejar de lado todo el problema de las deudas
“tóxicas”. Ese problema es particularmente grave en Italia, donde el monto
bruto de esas deudas se eleva a 360 mil millones de euros, lo cual equivale a
un 22 por ciento del PIB.
En Italia las deudas “tóxicas”
representan un poco más de un 17 por ciento del total de los préstamos. Pero en
Grecia representan un 47 por ciento. Mientras tanto, en Portugal representan un
19 por ciento, también un 19 por ciento en Irlanda, un 4 por ciento en Francia
y sólo un 2 por ciento en Alemania.
Según el Fondo Monetario
Internacional (FMI) hay en Europa unos 1 mil 100 millardos de deudas “tóxicas”.
También según esa institución internacional, esas deudas se multiplicaron por
dos desde 2009, aumento que amenaza la solidez de los bancos europeos, como
denuncia el propio FMI en un informe publicado el 24 de septiembre de 2015.
Las deudas “tóxicas” normalmente
se contabilizan en el balance de un banco hasta que se liquidan y consumen poco
capital. Cuando pasan a la cuenta resultante, las pérdidas aparecen pero se
cubren a un nivel del 60 por ciento, según una investigación del Banco de Italia.
Los bancos prevén recuperar de esa manera un promedio del 40 por ciento del
valor de la deuda en el momento de liquidarla. Pero el precio del mercado está
más cerca de un 20 por ciento del monto de la deuda bruta del balance. Se
plantea así el problema de la evaluación de los activos sobre bases ficticias
en vez de utilizar parámetros correspondientes a su verdadero valor en el
mercado. Podemos considerar, por consiguiente, que estas pruebas de resistencia
subestiman ampliamente el peligro que representan las deudas tóxicas ya que
sólo tienen en cuenta el valor estimado por los bancos mismos, o sea cerca del
doble de su valor real.

Otro tipo de análisis
El Centro de Gestión del Riesgo
de la Universidad de Lausana ha perfeccionado un modelo diferente de
evaluación, no basado en los valores contables sino en los precios de mercado
de los activos bancarios. Sus resultados son mucho más negativos que los
anunciados por la Autoridad Bancaria. Al registrar las pérdidas acumuladas
desde diciembre de 2015, las necesidades de recapitalización de los bancos
estarían, según la Universidad de Lausana, alrededor de los 882 mil millones de
euros en junio de 2016.
También hay que ver que, según
Diane Pierret, de la Universidad de Lausana, si se hubiesen aplicado las reglas
estadunidenses de evaluación, igualmente basadas en los valores contables, pero
más estrictas, 29 bancos europeos no habrían logrado pasar el test. Sólo
los grandes bancos públicos tendrían que ser recapitalizados con unos 92 mil
millones de euros.
El instituto alemán de
investigaciones económicas ZEW, que realizó pruebas de resistencia según este
método estadounidense, confirma esos resultados. Ese instituto estima que “Los
bancos europeos no disponen de fondos suficientes para compensar las pérdidas
previsibles en caso de nueva crisis financiera”.
El estudio del ZEW indica que las
faltas de fondos más importantes se elevan a 19 mil millones de euros, en el
caso de la Deutsche Bank; a 13 mil millones, en el caso de la Société Générale,
y a 10 mil millones de euros en el caso de BNP Paribas. Según ese mismo
estudio, los 51 establecimientos europeos sometidos a la prueba necesitarían
entre todos, un total de 123 mil millones de euros.
Y no se trata de estudios
aislados. Estos estudios son consecuencia de otras investigaciones que
demuestran que el sistema bancario europeo es más frágil y menos resistente
ante un choque importante que los bancos estadounidenses. Ya en 2012, una
investigación sobre el riesgo sistémico en Europa, realizada de forma conjunta
por la Facultad de Altos Estudios Comerciales de Lausana (HEC) y la Stern
School of Business de la Universidad de Nueva York, mostraba en varios países
europeos una significativa insuficiencia de capitales en caso de crisis. Los
riesgos sistémicos eran particularmente importantes en Francia y en el Reino
Unido. Estos dos países representaban juntos cerca del 52 por ciento de la
exposición total de las instituciones financieras europeas.
En 2012, las 5 instituciones que
más riesgo presentaban eran el Deutsche Bank, el Crédit Agricole, Barclays, el
Royal Bank of Scotland y BNP Paribas. El estudio se actualizó en diciembre de
2014 y la clasificación fue similar, con BNP Paribas, el Deutsche Bank, el
Crédit Agricole y Barclays en los cuatro primeros lugares y el Royal Bank of
Scotland en sexto lugar después de haber dejado el quinto lugar a la Société
Générale.
Este doble estudio ofrece un
enfoque alternativo a los stress tests del Banco Central Europeo: un
enfoque basado en la realidad del valor de mercado, como una instantánea del
riesgo sistémico de las instituciones bancarias de Europa en un momento
determinado.

Para que nada cambie
Durante la presentación de los
resultados de las pruebas de resistencia, el 29 de julio de 2016 la Autoridad
Bancaria Europea afirmó insistentemente que la salud global del sector bancario
mejoró muchísimo desde la crisis de 2008. Pero los mercados financieros no
parecen haber quedado muy convencidos sobre la evaluación de los resultados. A
pesar de una recuperación de las bolsas, los valores bancarios no siguen el
ritmo.
Ante los buenos resultados de los
establecimientos bancarios franceses en las pruebas europeas de resistencia, el
ministro francés de Finanzas, Michel Sapin, estimó que “los bancos franceses se
han fortalecido como respuesta a las crecientes exigencias que la crisis impone
y hoy se hallan entre los más sólidos”.
Pero si se utiliza el método de
la Universidad de Lausana, si ciframos las necesidades en capital (cálculo que
la Autoridad Bancaria Europea no hace) con base en los actuales valores de
mercado, las cosas resultan ser todo lo contrario y aparecen entonces a la
cabeza de la clasificación de bancos con problemas tres establecimientos
franceses –siendo el primero BNP Paribas– con el Deutsche Bank en cuarto lugar.
Por ejemplo, según los cálculos
semanales del centro de crisis helvético, ante una crisis severa –o sea, ante
pérdidas de un 40 por ciento en 6 meses en los mercados mundiales de las
acciones– las necesidades de recapitalización de BNP Paribas ascenderían a 93
mil millones de euros.
Sin embargo, la Federación
Bancaria francesa, bajo la influencia del poder político, ve en los resultados
de estos tests de resistencia una prueba de “la solidez de los bancos
franceses” y, sobre todo, una confirmación de “la eficacia de su modelo de
banca universal”, una estructura que fusiona bancos de negocios y bancos de
depósitos.
Marie-Anne Barbat-Layani,
directora general de la Federación, llegó a declarar incluso que ese modelo
“garantiza una buena diversificación de los riesgos y los ingresos y un buen
financiamiento de la economía”. Pero fue precisamente esa la estructura incriminada
como una de las principales causas de la crisis de 2008, señalándose entonces
la absoluta necesidad de reformarla. Se trata, en efecto, de una forma de
organización que permite a los bancos utilizar el dinero de los ahorristas para
multiplicar por diez la especulación en los mercados financieros, poniendo así
en peligro todo el sistema financiero.
Esas diferentes reacciones,
políticas y profesionales, sacan a la luz los objetivos de los stress
tests. Tales reacciones hacen pensar que todo debe seguir como antes, que el
sector no debe ser radicalmente reformado y que la política ultracomplaciente
del Banco Central Europeo no pone en peligro la rentabilidad de los bancos, a
pesar de los llamados de éstos.

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