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Más que colocar una ofrenda cada año en su fría estatua, hay que hacer valer su
ejemplo, su convicción y su palabra, sostuvo el Senador de Chiapas
Comunicado
Un 7 de octubre de hace 102 años, Chiapas perdió a un hijo distinguido
y a un ilustre tribuno, perdió al médico humanista y solidario y al hombre de
dimensiones trascendentes. México desde entonces registró en su historia a un
héroe civil de ideas e ideales, de palabra comprometida y libre: Belisario
Domínguez Palencia.
¿Y para qué sirven los héroes? Para el Senador de Chiapas, Zoé Robledo,
los héroes de estas dimensiones sirven para emularlos y con ello hacernos más
disciplinados y responsables, más tenaces y creativos, más desafiantes ante la
adversidad y para encontrar en su ejemplo una luz cuando el rumbo parece
perdido.
“En pleno siglo XXI, a todos quienes queremos combatir la corrupción en
el manejo de los presupuestos públicos y construir ciudadanía, irremediablemente
nos diría lo mismo que escribió el 28 de abril de 1903 en Tacubaya en su primer
documento público: ‘Los fondos que manejan vuestros gobiernos pertenecen al
Estado y debéis cuidar de ellos como de vuestros propios intereses. Vigilad de
cerca todos los actos públicos de vuestros gobernantes; elogiadlos cuando hagan
bien, criticadlos cuando obren mal. ¡México debe ser muy grande, muy rico y muy
feliz! y lo será si cada uno de sus hijos sabe hacer respetar sus derechos y
cumplir con sus obligaciones’.”
El legislador chiapaneco usó las palabras del prócer para describir el
actual momento que vive México. Por ejemplo, las que exclamó en el propio
recinto senatorial el 29 de septiembre de 1913:
… señores Senadores, la situación del país es de tal modo apremiante
que se necesita la unión de todos nosotros para que podamos salir avante
subsanando las desgracias que afligen actualmente a la patria y evitando las
mayores aún que las amenazan.
Ante la “verdad histórica” sobre Ayotzinapa que la PGR de Murillo Karam
quiso imponer, Don Belisario quizá diría lo mismo que dijo el 23 de
septiembre de 1913 en el Senado de la República:
“¿A quién se pretende engañar, señores? ¿Al Congreso de la Unión? ¿Se
pretende engañar a la Nación Mexicana, a esta noble patria que confiando en
nuestra honradez ha puesto en nuestras manos sus más caros intereses? ¿Qué debe
hacer en este caso la Representación Nacional? Corresponder a la confianza con
que la Patria la ha honrado; decir la verdad y no dejarla caer en el abismo que
se abre a sus pies.”
Ahora que se discute la posibilidad de que ésta Cámara intente
corromper a la Suprema Corte de Justicia de la Nación nombrando a sus nuevos
miembros por el trágico sistema de cuotas y cuates, quizá Don Belisario con
pasión y agravio repetiría sus palabras del 16 de abril de 1913 en el Senado:
“¿Qué diría la República entera de la determinación del Senado, si es
que llegara a dar su voto a favor de semejante absurdo? Diría que el Senado es
cómplice de los abusos que se están cometiendo; el Senado perdería la
reputación de honradez de que ha gozado durante toda su existencia, y eso no lo
debemos permitir, señores Senadores; suceda lo que sucediere, el Senado debe
quedar incorruptible, no debe dejarse intimidar por el estado de cosas que se
presenta actualmente; sólo volviéndonos a encarrilar en el camino que nos marca
la ley, la Constitución es cómo podemos llegar a salvar nuestra Patria. En ese
sentido señores senadores es como debemos de dar nuestro voto.”
A los medios de comunicación que no hacen eco de los problemas que se
viven en los rincones más apartados del país y que más que informar distraen la
atención pública, quizá les reenviaría su carta escrita en Tacubaya el 15 de
junio de 1903:
“Si os obstináis, Señores, en guardar silencio sobre los asuntos de
Chiapas, vuestro silencio se vuelve alarmante ya no sólo para aquella parte de
la Federación, sino para toda la República; porque generalizando los hechos es
muy natural deducir y así como no os interesáis por la triste suerte de los
chiapanecos, tampoco os conmueven las desgracias de los otros Estados.”
Y de Chiapas, Don Belisario lamentaría profundamente que más allá de un
siglo no supere su condición de atraso y quizá diría lo mismo que escribió el
28 de abril de 1903 en Tacubaya:
“Chiapas es uno de los estados más pobres y desgraciados de la
República. ¿Por qué? Porque en Chiapas no hay caminos, porque no hay escuelas,
no hay periódicos, porque los gobernantes en vez de ocuparse del
engrandecimiento y pros-peridad del país, se dejan cegar por la ambición.”
Finalmente, el Zoé Robledo consideró que Don Belisario Domínguez no fue
un héroe de última hora, sino un hombre que se sacrificó en aras de la nación,
pero bajo la luz de horizontes humanistas, y honrarlo no es colocar una ofrenda
cada año en su fría estatua, sino hacer valer su ejemplo, su convicción y su
palabra.

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