•Panorama
para el partido en la entidad se advierte sombrío; viable inferir que el bisoño
diletante de la política Enrique Ochoa Reza será su sepulturero definitivo.
Por: Roberto Domínguez Cortés - Abril 2, 2017 788
A poco más de un año de la nominación del candidato
del PRI a la gubernatura del estado de Chiapas, el pasado 11 de marzo, la
pesada maquinaria priísta anunció, abiertamente, que Roberto Albores Gleason
será su candidato a gobernar la tierra del prócer Belisario Domínguez.
El escenario para la designación extraoficial
anticipada no pudo ser menos afortunada: La boda del senador priísta en la
hacienda Tekik de Regil, enclavada en el Yucatán esclavista y feudal productor
del henequén con el sudor y la sangre de los indios mayas y yaquis.
La boda palaciega concitó ásperos y desagradables
comentarios entre la militancia priísta y el electorado chiapaneco. El más
recurrente, el que asocia las prerrogativas del Partido Revolucionario
Institucional, destinadas a financiar en parte o la totalidad del enlace
matrimonial. Y no falta razón. Durante
más de 5 años y medio, el senador Albores Gleason, como presidente del PRI
estatal, no ha rendido cuentas exactas de los 250 millones de pesos recibidos
por parte del Instituto Estatal Electoral.