Tapachula Chiapas 08/01/15 Juan Manuel trinidad
A
mediados del mes de julio del año pasado en Tapachula se realizó el Primer Foro
sobre Alerta y Preparación Epidemiológica a la Eventual Llegada del Virus
Chikungunya a México y América Latina; en ese entonces se hablaba del riesgo
que representaba para la frontera sur mexicana, y solamente seis meses después
ya está entre nosotros y parece que llegó para quedarse, como en su momento lo
hizo el dengue, porque ambas enfermedades son transmitidas por el mismo vector
(Aedes Aegypti y Aedes Albopictus), el cual a pesar de las múltiples campañas
de descacharrización, abatización, nebulización casa por casa y hasta
fumigaciones aéreas ha sido imposible controlar, y por el contrario, el uso de
productos químicos podría acarrear a futuro otros problemas de salud.
Especialistas
nacionales e internacionales en ese foro lanzaron la alerta nacional y pidieron
a las autoridades de la Secretaría de Salud federal y de los estados activar
los sistemas de vigilancia epidemiológica, porque ya se habían presentado
algunos casos en la región del Caribe. Nada se hizo, y en noviembre aceptaron
la existencia del primer caso autóctono en Chiapas y a la fecha, ya son 129 en
nuestro estado de un total de 131 en todo el país, aparte de otros 11
importados.
El
Centro Regional de Investigación en Salud Pública (Crisp) y el Instituto
Nacional de Salud Pública (INSP) fueron en su momento los convocantes al foro,
sobre ese padecimiento emergente en donde también se analizó todo lo
relacionado a la prevención y control del dengue, sobre todo los métodos de
vigilancia epidemiológica. En este caso, México en el 2014 terminó con más de
32 mil casos confirmados y 39 defunciones, Chiapas en particular con mil 800 y
siete fallecimientos. Es decir, ambas enfermedades están pegando muy fuerte.
Tanto
el Chikungunya como el Dengue son dos enfermedades que van de la mano. En
nuestro país, ambas ingresaron por la frontera sur y se están quedando en forma
permanente; lo único que nos queda a quienes vivimos aquí es fortalecer las
medidas de prevención para el control del vector dentro y fuera de las
viviendas, pero a pesar de ello los zancudos se hacen resistentes hasta a los
insecticidas más fuertes. Aun cuando las autoridades del Sector Salud no lo
reconocen, son cientos las personas que se han enfermado y hasta el momento no
existe una cura definitiva.
Hace
poco más de cuatro años el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) contaba
con un extenso laboratorio en donde estudiaba el comportamiento de los cuatro
serotipos del mosco Aedes Aegypti, en un predio al sur de Tapachula, pero por
la reubicación de las vías del ferrocarril y por una negociación realizada por
el gobierno de Juan Sabines Guerrero que se comprometió a donarles otros
terrenos con similares condiciones e infraestructura, el mismo fue desmantelado
y sabemos que los donantes internacionales en ese proyecto retiraron sus
aportaciones. Consideramos en su momento que era más importante el centro de
investigación que el paso de las vías del tren, pero las decisiones políticas
lo vieron al contrario y ahora estamos sufriendo las consecuencias de la falta
de control de los vectores.
Lamentablemente
en materia de salud, como reza el refrán, generalmente “después de ahogado el
niño se tapa el pozo”, y así está ocurriendo con el Chikungunya, donde se dejó
pasar el tiempo y en las últimas semanas se intensificaron las campañas de
combate al mosco transmisor, pero poco se puede lograr y el número de enfermos
sigue creciendo, sin que exista un programa realmente articulado que haga ver
resultados a corto plazo, porque lamentablemente la confirmación de los casos
tarda mucho tiempo y cuando lo hacen ya el enfermo sanó o sigue con las
secuelas, pero nada se puede hacer más que aguantar la fiebre y los dolores.

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