Rodrigo
Ramón Aquino
El
tal Francisco y la agenda política de Chiapas
Todo listo para la
visita del Papa Francisco I a Chiapas, nos salen a decir, sonrientes, las autoridades.
Que arreglaron esto, que ya trazaron la ruta, que la coordinación con los tres
niveles de gobierno y con el Estado Vaticano merece una estrella en la frente.
Atrás, y sin
mayores progresos, quedaron los incipientes intentos de posicionar la discusión
sobre si la visita del llamado Sumo Pontífice ameritaba tanto despliegue de
seguridad y gastos de promoción (ofenden a la inteligencia las temerarias
declaraciones de algunos funcionarios al asegurar que “no costará nada a los
chiapanecos”).
La distracción
generada ha sido tal que reciben como jefe de Estado a quien viene sólo como
líder religioso. Un credo, hay que decirlo, ya muy desdibujado en la entidad,
que, no obstante, justifica el derramamiento de sangre y las expulsiones en
algunas comunidades… Del Estado Laico, mejor ni hablamos, allá veremos a la
clase política besando la mano y tomando la selfie.
Hay temas que le
ocupan más a los chiapanecos, y son los que tienen que ver con gobernabilidad,
vulneración del Estado de Derecho (los bloqueos carreteros siguen siendo el pan
de cada día, pues la ley es sólo un tema de boletines de prensa), falta de
pagos a proveedores, y un largo y depreciado etcétera, que bien cabe bajo la
sotana papal sabiéndolo acomodar.
Hay algunos
intentos de no hablar del tal Francisco. El sociólogo José Adriano apunta: “La
crisis que hoy día se vive en Chiapas es total. Hay una crisis social generada
por la desigualdad y la pobreza en el 76% de la población; hay una crisis
económica, debido a la enorme deuda que tiene la entidad, en donde 4 millones
de pesos se destinan diariamente para su pago; hay una crisis política, sobre
todo por la ausencia de gobierno y la falta de legitimidad de las autoridades;
pero desafortunadamente hay una crisis aún mayor, que tiene que ver con la
falta de esperanza y el desencanto en amplios núcleos de la población”.
Otra pieza que
amplía el escenario actual de Chiapas es la aportada por el maestro Arcadio
Acevedo: “El malestar social ha alcanzado un alarmante punto de ebullición. En
las calles el ominoso espectáculo de macanas contra consignas ciudadanas, es
más abundante que el pan. En apariencia, el gobierno (por decirlo de algún
modo) de Manuel Velasco, gobernador charro (por decirlo de otro modo), ni se
enfría ni se entibia ni se calienta, sino todo lo contrario… Sus apariciones
televisivas, las millonarias portadas en papel cuché (si en inglés, mejor), en
pro de una presunta silla presidencial que las encuestas le niegan, parecen ser
su prioridad, conforme a los analistas políticos.”
Y desde nuestro
particular punto de vista hay un tema aún más importante que los arriba
mencionados y se trata de los foros de consulta ciudadana para la reforma
integral de la Constitución de Chiapas a los que ha convocado la LXVI
Legislatura. Así es, el Papa se irá y los problemas seguirán (parafraseando una
célebre línea bíblica: “pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no
siempre me tendréis...”, dicen que lo dijo Chusito), y la mejor forma de
hacerles frente es justamente actualizando nuestro pacto social.
Recientemente, el
doctor en política Oswaldo Chacón reflexionó al respecto y nos advirtió que
estos foros no están teniendo el impacto que se esperaría de tan ambicioso
proyecto constitucional. Afirma, y compartimos, que es el acto más trascendente
de la vida pública de Chiapas en este 2016 y, lamentablemente —al menos en su
arranque—, la oportunidad ciudadana de participar se está perdiendo, ahogando,
con el arribo de una celebridad religiosa.
Que la consulta
para la reforma no haya surgido de protesta social alguna, o que muchos opinen
que sólo se trata de una simulación, no significa que no sea necesaria. De hecho,
la protesta social no es el mejor camino para cambios de esta naturaleza. Se
requiere de especialización, de discusión, de análisis.
Si se demanda
fortalecer la transparencia, castigar la corrupción, incluir nuevos derechos
sociales, obligaciones y formas de participación ciudadana, hay que ir a los
foros, dales seguimiento, hacer públicas las conclusiones. Si se busca orden en
casa, hay que participar conscientemente en la elaboración de las normas. No
dejemos solos a los diputados; muchos han demostrado en poco tiempo saber menos
que nosotros.
Ágora
De Oswaldo Chacón
en su artículo Es
la revisión de la Constitución, no Francisco: “Nuestra Constitución no
necesita reconocer nuevos derechos, mucho menos si estos son de naturaleza
económica o social y el estado no tendrá la capacidad presupuestal para
hacerlos cumplir. Pensar que por el simple hecho de ubicar nuevos derechos
sociales en la Constitución estos podrán ser recurribles ante los tribunales y
por lo mismo garantizados es un disparate, pues el juzgador siempre habrá de
remitirse en este tipo de derechos a la fórmula que el propio legislador
establezca para garantizar su contenido, es decir, a la suficiencia
presupuestal del estado. Peligrosamente únicamente se estarían generando
expectativas de difícil materialización que lastimarían la credibilidad del
Estado y del texto fundamental, tal y como ha sucedido con la incorporación
constitucional de los Objetivos del Milenio de la ONU. Como diría Jorge
Alcocer, no promovamos ilusos para que después no haya desilusionados”.
Corrillo
Claro que mal
haría creyendo todo respecto a los foros ciudadanos sobre la reforma, ya nos
tienen acostumbrados a desconfiar, pero, si lo piensa, la única forma de
combatir la simulación es la participación, el involucramiento, las propuestas
bien articuladas y factibles.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario