Miguel Ayuso
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| © Externa Te ha visto llegar y ya va corriendo a chuparte. (istock) |
Es una de las experiencias más
queridas por todos los dueños de un perro. En cuanto introduces las llaves de
casa, tu mascota viene a recibirte como si estuvieras volviendo de la
guerra y llevara años sin verte. Las reacciones pueden
variar entre canes: algunos no paran de dar vueltas alrededor tuyo, otros
tratan de alcanzarte poniéndose a dos patas (con la intención, claro está, de
chuparte la cara), otros dan vueltas en el suelo… Durante varios minutos tu
perro se vuelve loco de felicidad. Y no es una metáfora.
Realmente, experimenta una intensa alegría. Pero ¿por qué?
El neurólogo Gregory Berns,
catedrático de la Emory University School of Medicine de Atlanta, fue el primer
científico que logró que los canes se sometieran voluntariamente a los escáneres
de resonancia magnética. Los científicos habían realizado estas pruebas con
perros, pero tenían que sedarlos para que no escaparan de las máquinas, que
hacen un ruido molesto que no toleran. Y, claro, las pruebas que pueden realizarse
con canes despiertos ofrecen una información mucho más valiosa.
Sus experimentos fueron
la base de How Dogs Love Us (Scribe), el libro en el que Berns traslada al gran
público los resultados de sus investigaciones. Una de sus principales
conclusiones es que los perros perciben a los humanos como como un grupo
separado de ellos pero, aun así, sus dueños son considerados como parte
de la familia. Y, de hecho, prefieren buscar su ayuda que la de otros
compañeros de especie, algo que podría indicar que los perros son conscientes
de que los humanos cuentan con recursos que ellos no tienen.
Al introducir a los perros en
el escáner, y darles a oler diferentes fragancias, Berns comprobó
que distinguen perfectamente ente los miembros de su especie y los
humanos, pero también entre aromas conocidos y desconocidos. En particular, el
olor de un humano familiar provoca una recompensa en el cerebro,
incomparable con la que generan el resto de estímulos.
“Ningún otro olor hace esto,
ni siquiera el de un perro familiar”, explica Berns al magacínio9. “Y no es que nos
perciban como parte de su manada de lobos, saben que somos algo distinto. Guardan
un lugar especial en su cerebro sólo para nosotros”.
Una ventaja evolutiva
Para entender el
comportamiento de los perros hay que entender su historia. Los lobosempezaron
a juntarse con los humanos hace unos 10.000 o 15.000 años, formando una nueva especie
cuya principal característica es, precisamente, su relación con el hombre.
“Los perros
ancestrales que merodeaban en torno a los humanos debían ser los lobos
más sociales”, explica Berns en io9. “Se juntaron con los humanos y
evolucionaron para convertirse en perros. Lo que quedó de la población de lobos
eran los especímenes más antisociales, que no querían saber nada de nosotros”.
Pese a esto, los perros de hoy
en día comparten numerosas características con los lobos, entre otras cosas su
enorme gregarismo. Los lobos viven en manada, y se saludan unos a
otros chupándose la cara, un importante rito social que sirve para reforzar los
lazos y para obtener información (por ejemplo, saber si tu compañero ha traído
comida). Y es algo que los perros siguen haciendo con los miembros de su
familia, aunque en este caso se trate de humanos.
“Es importante darse cuenta de
que una manada de lobos es una familia, literalmente”,
explica en io9 la experta en perros Jessica Hekman, autora del blog DogZombie. “Normalmente está formada por la
madre, el padre, los cachorros y algunos hijos de anteriores camadas que aún no
se han independizado. ¿Nos ven los perros como parte de su familia? Eso creo”.
El perro ha evolucionado hasta
convertirse en un animal mucho más social que el lobo, algo que le ha hecho
triunfar como especie. “Date una vuelta por el mundo y mira cuántos perros
hay”, comenta Hekman. “Para los perros [juntarse con el hombre] ha resultado
ser una estrategia evolutiva muy efectiva. Hay alrededor de 10
millones de perros en el mundo, así que, en muchos aspectos, el perro ha
superado evolutivamente al lobo”.
He aquí el punto en el que
pensamos: “Claro, nos quieren porque les damos de comer”. Pero no. “Lo que
hemos visto trabajando con los escáneres es que los perros aman a sus a
humanos, y no sólo por la comida”, asegura Berns. “Aman la compañía de los
humanos en sí misma”.
La felicidad, un sentimiento
compartido
Si desconocemos todavía
la mayor parte de lo que ocurre en el cerebro humano, aún nos es más difícil
saber en qué piensan los animales, pues no tenemos forma de ponernos en su
piel. Pese a esto, la mayoría de expertos coinciden en señalar que los perros
experimentan algunas emociones de forma muy similar a
nosotros. Entre otras, la felicidad.
“En todos los ejercicios que
hicimos con los escáneres cerebrales –en los que presentábamos a los perros
ciertas cosas y analizábamos sus respuestas– vimos respuestas análogas a
las de los humanos”, explica Berns. “Cuando ves a un amigo o a alguien que
quieres sientes algo muy parecido a lo que experimenta un perro”.
Esto no quiere decir que los
perros tengan las mismas capacidades comunicativas que los humanos. No son
capaces de representar cosas en su memoria como hacemos nosotros, no tienen
etiquetas ni nombres que dar a aquello que conocen. Su respuesta es puramente
emocional, pero eso no quiere decir que no creen un vínculo con
su familia. Un vínculo que es tan fuerte como el que ata a padres e hijos.
En 1965 la psicóloga
estadounidense Mary Ainsworth diseño la prueba de la “Situación Extraña”, un
test que permitía entender el comportamiento de los niños cuando eran separados
de sus madres y tenían que relacionarse con extraños. Al realizar esta prueba
con perros, los resultados fueron similares.
Como explica en io9 el
neurocientífico de la Universidad de Trento Giorgo Vallortigara, el
perro siente cariño por sus dueños, y es feliz cuando se encuentra con ellos,
de la misma forma que un niño se alegra de ver a sus padres. Pero su reacción
ante el reencuentro es mucho más intensa. A diferencia de lo que ocurre
con nuestros hijos, a un perro no podemos explicarle que vamos a volver.
“Para el perro la separación
con su dueño no es voluntaria”, explica Vallortigara. “Es siempre antinatural
que alguien abandone la manada”. Los perros salvajes –como los
lobos– pueden separarse de la manada durante un tiempo si están lo suficientemente
motivados, pero lo hacen sabiendo que el contacto social puede ser reanudado
virtualmente en cualquier momento, algo que no ocurre cuando dejamos a nuestro
perro ocho horas solo en casa hasta que volvemos del trabajo.
“Los saludos exagerados que se
pueden observar en muchos perros tienen que ver con el hecho de que no han
aprendido todavía a aceptar la posibilidad de una separación no
voluntaria”, asegura el neurocientífico. Pero hay algo más. Los perros
cuando están solos se aburren como ostras.
“Tu perro probablemente ha
estado todo el día sin nada que hacer y, lo que es peor, puede haber estado
solo, lo que es desagradable para un animal social”, explica Vallortigara. “Así
que, además de alegrarse de vernos, probablemente está sintiendo un alivio pues
sabe que ahora va a hacer algo interesante, como salir a la calle y tener a
alguien cerca”.
El ritual de saludo es
además esencial para los perros, pues forma parte de su forma de obtener
información. “Cuando saltan hacia ti están tratando de lamerte la cara”,
explica Berns. “Parte de esto es una forma de saludo, pero además quieren
chuparte y olerte para saber dónde has estado y qué has estado haciendo.
Tienen curiosidad. Si he estado con otros perros, por ejemplo, los míos lo
saben, y empiezan a olisquearme con más intensidad”.
Si queremos liberar de estrés
a nuestros perros debemos responder a sus saludos, pero no hay necesidad de
dejar que nos chupen la cara –aunque, según algunos científicos, es bueno para nuestra salud–.
Con entrenamiento podemos enseñar a nuestras mascotas a
saludarnos de otra forma. Lo importante es que entendamos que para los perros
el ritual de saludo es muy importante. Y no podemos obviarlo.


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